Fue Estanislao Zeballos quien dio origen del Día del Árbol en la Argentina. El 29 de agosto de 1900, el Consejo Nacional de Educación instituyó esta fecha especial -que se celebra desde 1901. El escritor promovió la celebración para concientizar sobre el cuidado y la protección de las superficies arboladas desde la política pública.

Desde el siglo XIX se promovió la actividad forestal, siendo su principal impulsor Domingo Faustino Sarmiento (presidente de 1868 a 1874), quien manifestó: «El cultivo de los árboles conviene a un país pastoril como el nuestro, no sólo porque la arboricultura se une perfectamente a la ganadería, sino que debe considerarse como su complemento indispensable. La Pampa es como nuestra República, tala rasa. Es la tela en la que ha de bordarse una nación. Es necesario escribir sobre ella: ¡Árboles! ¡Planten árboles!».

La primera nación en destacar la importancia de los beneficios de los ejemplares arbóreos fue Suecia, en 1840, promoviendo la necesidad de enseñar a niños y adultos sobre las plantas y sus cuidados para preservarlas.

Los árboles y bosques nativos son esenciales para preservar la vida humana y de distintas especies. Ayudan a la mitigación y adaptación al cambio climático, purifican el aire, protegen los suelos, previenen inundaciones, dan sustento a la vida de las comunidades locales y contribuyen a la seguridad alimentaria y el desarrollo económico. Además, concentran más de la mitad de la biodiversidad terrestre -ya que albergan aves, insectos, reptiles y mamíferos- y son fuente de alimentos, agua potable, recursos medicinales y materias primas como madera, leña, carbón y fibras.